Elritmodevidaquelostiemposactualesnosimpone (1)

¿Te has preguntado alguna vez porqué hay tantos peregrinos haciendo el Camino de Santiago? Cada año se supera el récord de la anterior temporada.

Ya hace tiempo que los humanos que nos hacemos llamar civilizados nos hemos alejado de la naturaleza, de sus señales, de sus pistas. Ya no somos capaces de captar lo que los pájaros saben según los vientos, lo que los árboles nos indican según la inclinación de sus hojas, lo que lleva a las hormigas a un movimiento inesperadamente frenético. Estamos desconectados.

¿Cuando es la época de los tomates? ¿Y la de las berenjenas?. No importa: vamos al súper y siempre hay tomates y berenjenas. Será porqué todas las partes del mundo están ahora muy cerca de casa. O porqué intervenimos artificialmente en su ritmo de crecimiento. Si estuviéramos más conectados con la naturaleza, veríamos que ésta nos indica cuando es el mejor momento para comer tomates y berenjenas: cuando crecen y maduran al lado de casa y cuando saben mejor.

El trabajo o su ausencia, los problemas familiares, económicos u otros temas a veces imaginarios nos sumerge en un mar de pensamientos creados por nuestra mente. Le llamamos ingenuamente: «Elritmodevidaquelostiemposactualesnosimpone». Así: todo seguido.

Y de vez en cuando sabemos de otras personas que han hecho el Camino de Santiago y que vuelven de él visiblemente cambiados. Pero no nos sentimos aludidos porque no tenemos tiempo de parar.

¿No tenemos tiempo?

Y llega un día en que nos damos cuenta que tenemos que parar y no sabemos porqué. Es una corazonada. O una intuición. O una señal del alma. O la imperiosa necesidad de tomar una decisión crucial en nuestra vida. Y recordamos el Camino de Santiago. ¿Podría ser una forma excelente de parar y re-conectarnos con la Naturaleza?.

¿Empezamos?

No diré nada de la preparación, del equipaje y demás logística. Si estáis interesados encontrareis información en cantidad en otras páginas.

Primer día de nuestro primer Camino: No importa el lugar que decidamos para empezar a andar. Podemos decidir la puerta de casa o cualquier lugar del trazado señalado de un Camino cualquiera. Supongamos que decidimos éste último supuesto para aseguramos encontrar las infraestructuras que podamos necesitar. Nos presentamos en el albergue de inicio para conseguir nuestro primer sello. ¡Nuestro primer sello! ¿No tenías mariposas en el estómago?. Puede que veamos algún cartel que indique algo así como “Exclusivo para peregrinos” o “Atención al peregrino”. Y nos preguntamos ¿peregrino yo?. ¡Vaya! ¡No me lo había planteado! Pero claro: el Camino de Santiago es una peregrinación cristiana.

Y andamos. Empezamos a hacernos preguntas: ¿Seré capaz? ¿Me habré precipitado? ¿…? La mente no para. Y cuando nos cruzamos con otros peregrinos nos saludan: “Buen Camino!”

El cambio inevitable

Todo cambia. El mundo cambia, nuestras percepciones cambian, la tecnología cambia y nos cambia…

Emocionante la letra de esta canción que interpreta Mercedes Sosa: «Todo Cambia»

Hace años vi una película de la que recuerdo muy pocos detalles. No recuerdo ni tan solo el título. Pero una de las escenas me conmovió: Una pareja que había convivido durante bastantes años estaba ya en trámites de separación. Uno de los dos, el que hubiera preferido no separarse dijo: «Es que tu has cambiado mucho» a lo que el otro le responde: «Tu al contrario no has cambiado nada». El cambio es inherente a la vida. No cambiar es una anomalía.

Un día, al igual que muchos lo hicieron antes y otros lo harán después, decidí hacer el Camino de Santiago. Se trataba de la necesidad de tomar un rumbo diferente durante unos días. Y pensar.

Andar. Andar sin otra finalidad que llegar al final de etapa. Después de unos días la mente se despeja. Y pensar se hace fácil. Andar se convierte en un modo de meditación activa. Y aunque el motivo de la peregrinación no sea la fe, el Camino está repleto de capillas, iglesias, conventos… que nos atraen hacia su interior. Nos marca la convivencia con los demás peregrinos; la conversación; el dormir por las noches; la forma de encarar nuestro agotamiento… Hasta un momento en el que nos damos cuenta que en el término «Camino de Santiago» es ya más significativo «Camino», que «Santiago». Y más aún cuando ya estamos pisando la ciudad. Un sentimiento contradictorio nos invade: hemos andado muchos días para llegar hasta aquí. Pero íntimamente no deseamos que nuestro camino acabe.

¿Y decíamos cambio? La mayoría de nosotros ha vuelto cambiado del Camino. Podemos ser escépticos pero muchos hemos notado aquello tan paranormal como “la energía del Camino”. Lo recordamos agradablemente a pesar del cansancio y de la dureza de algunas etapas. Por eso muchos de nosotros lo recorremos dos, tres, diez veces. A mi me gusta decir que muchos somos reincidentes, positivando una palabra de connotaciones negativas.

Guiado por este sentimiento se me ocurrió hacer este libro y llenarlo de contenido gráfico. No se trataba de crear un producto maravilloso. Se trataba de enriquecer los recuerdos propios de cada uno. Que mirando y remirando sus páginas fuera muy fácil rememorar experiencias. Al fin y al cabo, lo más importante de cada uno de nuestros caminos son las experiencias que recordamos y que nos transportan de nuevo a ellas.