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¿Te has preguntado alguna vez porqué hay tantos peregrinos haciendo el Camino de Santiago? Cada año se supera el récord de la anterior temporada.

Ya hace tiempo que los humanos que nos hacemos llamar civilizados nos hemos alejado de la naturaleza, de sus señales, de sus pistas. Ya no somos capaces de captar lo que los pájaros saben según los vientos, lo que los árboles nos indican según la inclinación de sus hojas, lo que lleva a las hormigas a un movimiento inesperadamente frenético. Estamos desconectados.

¿Cuando es la época de los tomates? ¿Y la de las berenjenas?. No importa: vamos al súper y siempre hay tomates y berenjenas. Será porqué todas las partes del mundo están ahora muy cerca de casa. O porqué intervenimos artificialmente en su ritmo de crecimiento. Si estuviéramos más conectados con la naturaleza, veríamos que ésta nos indica cuando es el mejor momento para comer tomates y berenjenas: cuando crecen y maduran al lado de casa y cuando saben mejor.

El trabajo o su ausencia, los problemas familiares, económicos u otros temas a veces imaginarios nos sumerge en un mar de pensamientos creados por nuestra mente. Le llamamos ingenuamente: «Elritmodevidaquelostiemposactualesnosimpone». Así: todo seguido.

Y de vez en cuando sabemos de otras personas que han hecho el Camino de Santiago y que vuelven de él visiblemente cambiados. Pero no nos sentimos aludidos porque no tenemos tiempo de parar.

¿No tenemos tiempo?

Y llega un día en que nos damos cuenta que tenemos que parar y no sabemos porqué. Es una corazonada. O una intuición. O una señal del alma. O la imperiosa necesidad de tomar una decisión crucial en nuestra vida. Y recordamos el Camino de Santiago. ¿Podría ser una forma excelente de parar y re-conectarnos con la Naturaleza?.

¿Empezamos?

No diré nada de la preparación, del equipaje y demás logística. Si estáis interesados encontrareis información en cantidad en otras páginas.

Primer día de nuestro primer Camino: No importa el lugar que decidamos para empezar a andar. Podemos decidir la puerta de casa o cualquier lugar del trazado señalado de un Camino cualquiera. Supongamos que decidimos éste último supuesto para aseguramos encontrar las infraestructuras que podamos necesitar. Nos presentamos en el albergue de inicio para conseguir nuestro primer sello. ¡Nuestro primer sello! ¿No tenías mariposas en el estómago?. Puede que veamos algún cartel que indique algo así como “Exclusivo para peregrinos” o “Atención al peregrino”. Y nos preguntamos ¿peregrino yo?. ¡Vaya! ¡No me lo había planteado! Pero claro: el Camino de Santiago es una peregrinación cristiana.

Y andamos. Empezamos a hacernos preguntas: ¿Seré capaz? ¿Me habré precipitado? ¿…? La mente no para. Y cuando nos cruzamos con otros peregrinos nos saludan: “Buen Camino!”