El cambio inevitable

Todo cambia. El mundo cambia, nuestras percepciones cambian, la tecnología cambia y nos cambia…

Emocionante la letra de esta canción que interpreta Mercedes Sosa: «Todo Cambia»

Hace años vi una película de la que recuerdo muy pocos detalles. No recuerdo ni tan solo el título. Pero una de las escenas me conmovió: Una pareja que había convivido durante bastantes años estaba ya en trámites de separación. Uno de los dos, el que hubiera preferido no separarse dijo: «Es que tu has cambiado mucho» a lo que el otro le responde: «Tu al contrario no has cambiado nada». El cambio es inherente a la vida. No cambiar es una anomalía.

Un día, al igual que muchos lo hicieron antes y otros lo harán después, decidí hacer el Camino de Santiago. Se trataba de la necesidad de tomar un rumbo diferente durante unos días. Y pensar.

Andar. Andar sin otra finalidad que llegar al final de etapa. Después de unos días la mente se despeja. Y pensar se hace fácil. Andar se convierte en un modo de meditación activa. Y aunque el motivo de la peregrinación no sea la fe, el Camino está repleto de capillas, iglesias, conventos… que nos atraen hacia su interior. Nos marca la convivencia con los demás peregrinos; la conversación; el dormir por las noches; la forma de encarar nuestro agotamiento… Hasta un momento en el que nos damos cuenta que en el término «Camino de Santiago» es ya más significativo «Camino», que «Santiago». Y más aún cuando ya estamos pisando la ciudad. Un sentimiento contradictorio nos invade: hemos andado muchos días para llegar hasta aquí. Pero íntimamente no deseamos que nuestro camino acabe.

¿Y decíamos cambio? La mayoría de nosotros ha vuelto cambiado del Camino. Podemos ser escépticos pero muchos hemos notado aquello tan paranormal como “la energía del Camino”. Lo recordamos agradablemente a pesar del cansancio y de la dureza de algunas etapas. Por eso muchos de nosotros lo recorremos dos, tres, diez veces. A mi me gusta decir que muchos somos reincidentes, positivando una palabra de connotaciones negativas.

Guiado por este sentimiento se me ocurrió hacer este libro y llenarlo de contenido gráfico. No se trataba de crear un producto maravilloso. Se trataba de enriquecer los recuerdos propios de cada uno. Que mirando y remirando sus páginas fuera muy fácil rememorar experiencias. Al fin y al cabo, lo más importante de cada uno de nuestros caminos son las experiencias que recordamos y que nos transportan de nuevo a ellas.